La Bandera de la Nación Ranquel

La Bandera de la Nación Ranquel: Compuesta por tres franjas de colores, la franja azul simboliza cielo, la franja verde simboliza naturaleza; la franja roja simboliza la sangre Ranquel que se derramó en la “Campaña del Desierto”. La guarda pampa es un detalle estético representativo de esta cultura.

Aparece un KUL – TRUM (instrumento sagrado de percusión), que contiene dos líneas cruzadas indicando los cuatro puntos cardinales y terminan figurando patas de avestruz. En los espacios definidos por estas líneas se encuentra una estrella y la luna en referencia a la naturaleza; unas boleadoras en referencia a la guerra; un zorro en referencia a la dinastía.

Finalmente la figura de PANGHITRUZ GUOR o Zorro Cazador de Leones, más conocido como Mariano Rosas.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una nueva excursión a los indios Ranqueles

¿Cómo son, hoy, los cuatrocientos kilómetros que recorrió el pequeño grupo de Mansilla en 1870, desde el fuerte Sarmiento, al sur de Córdoba, hasta las tolderías de Leuvuco, al norte de La Pampa, cabalgando por las rastrilladas,las huellas seculares del desierto?



Lucio V. Mansilla CA 1868

Foto de Federico Artigue. Col Prudencio Martínez Zuviría




Los escritores e investigadores de la literatura solemos trabajar en bibliotecas y gabinetes. Los vastos itinerarios geográficos, por lo general, nos son ajenos, salvo que se hallen indisolublemente unidos, como era mi caso, a la tarea de escribir un libro. Para ser precisos, se trató, más bien, de dos libros: uno de carácter académico, que se tituló después La barbarie en la narrativa argentina (Corregidor, Buenos Aires, 1994), directamente vinculado con mi trabajo como investigadora, y otro de ficción, la novela La pasión de los nómades (Atlántida, Buenos Aires, 1994), para cuya escritura conté con el apoyo de una beca de creación artística de la Fundación Antorchas. Ambos, desde ángulos distintos, giraban en torno al mismo contexto: la Argentina del siglo pasado, el inmenso fantasma del llamado desierto, que desveló a militares y políticos y enriqueció, empero, las perspectivas de la imaginación estética. Ambos textos tenían un personaje en común: Lucio Victorio Mansilla, figura singularísima de nuestra historia y autor de Una excursión a los indios ranqueles (1870).


ESCENA DE COSTUMBRES EN LA PROVINCIA DE CORDOBA, CA 1895. SOCIEDAD FOTOGRAFICA ARGENTINA DE AFICIONADOS COL. A.G.N.










SAN LUIS, CA. 1895,

SOCIEDAD FOTOGRÁFICA ARGENTINA DE AFICIONADOS COL. A.G.N.T








ESCENA DE CAMPO CA. 1890, SOCIEDAD FOTOGRÁFICA ARGENTINA DE AFICIONADOS. COL. A.G.N.





Convendría recordar (acaso porque los clásicos escolares son los autores más vituperados y peor leídos> que nació en Buenos Aires, en 1831, y - como tantos escritores latinoamericanos - murió en París, en 1913. Que fue hijo del general Lucio Norberto Mansilla, el héroe de la Vuelta de Obligado (a quien conmemora -y no a su heterodoxo vástago- la calle Mansilla, en Buenos Aires), y de la bella Agustina Rosas, hermana preferida de don Juan Manuel de Rosas, Restaurador de las Leyes o sátrapa del Plata, según fuese el variable prisma con que la historia quiso mirarlo, en una u otra época. Lucio Victorio vivió su infancia en una casona porteña del barrio de San juan (hoy San Telmo), donde el aprendizaje de las costumbres, todavía coloniales y patriarcales, alternó con una amplia educación, algo discontinua pero, no obstante, fecunda, en idiomas y autores extranjeros. Tanto leyó Lucio, que cuando dirigía un saladero familiar (sus padres aspiraban a hacer del adolescente fantasioso y enamoradizo un 'hombre útil'), don Lucio Norberto lo sorprendió in fraganti con El contrato social entre las manos. Tales lecturas eran sospechosas en tiempos rosistas y Lucio V. fue enviado al extranjero, so pretexto de gestiones comerciales, a leer a Rousseau con más provecho.

Así comenzó una pasión viajera (la pasión de los nómades) que no lo abandonó jamás. Gracias a ella, se instruyó en la difícil tarea de apreciar y comprender lo diferente, ya se situase esa diferencia en la exótica India, en los salones de Paris o en el corazón argentino de la Tierra Adentro. A ese corazón, oculto en la Pampa central, fieramente resguardado por la es-trategia indigena, accederá Lucio cuando pise los cuarenta.

Era, entonces, pese a las ambiciones políticas que lo habian llevado a trabajar activamente en la campaña presidencial de Sarmiento, sólo un coronel del ejército nacional, relegado, en definitiva, para su disgusto, a un puesto de subcomandante de frontera. Pero gracias a ese cuasi destierro escribió una de las obras fundacionales de nuestro siglo XIX, el relato de su excursión, tan entretenida como riesgosa, realizado en un lenguaje coloquial y ameno, salpicado por digresiones, en el que Mansilla dejó un retrato inolvidable de la parcialidad étnica ranquelina. Su libro constituye una viva observación de lo que pasó ante sus ojos; aun con los inevitables prejuicios y en un marco cultural propio del blanco, sus observaciones son considera-das hoy por los especialistas como un aporte útil de datos confiables inteligentemente ponderados.

Cabe preguntarse qué necesidad pudo mover a Mansilla a realizar un trayecto apreciable (unos cuatrocientos kilómetros a caballo), desde el fuerte Sarmiento, al sur del Córdoba, hasta las tolderias de Leuvuco, al norte de La Pampa, con un pequeño grupo de hombres (dieciocho en total, incluidos dos misioneros franciscanos) y prácticamente desarmado. El motivo oficial era entrevistarse con el jefe de los ranqueles, Mariano Rosas o Panghitruz Guor (el zorro cazador de pumas), que no estaba dispuesto a trasladarse a la subcomandancia de Río Cuarto. Hijo del gran cacique Paine Guor o Gner (el zorro azul), habia estado cautivo, casi niño, de juan Manuel de Rosas, y fue bautizado, como era la costumbre de la época, con el apellido de su padrino y captor.

Una vez libre, gracias a su astucia, Mariano huyó hacia las tolderías nativas, contento, después de todo, de contar con otra protección mágica -la del nombre cristiano- y con un capital de conocimientos rurales adquiridos en la estancia del Pino. Pero tales ventajas no lo decidian a volver a tierras de blancos; por el contrario, destinado, no tanto por herencia cuanto por sus altas prendas personales, a ser el nuevo cacique de la dinastia de los zorros, juró no entrar jamás en esas tierras, ni siquiera a la cabeza de un malón. No quedaba a Mansilla otro remedio que presentarse en sus dominios, para refrendar un tratado de paz que se había demorado largamente en despachos y asambleas y habla sufrido correcciones varias, por una y otra parte. La validez de semejante convenio era muy relativa, ya que, un tanto a regañadientes, sólo lo habla aprobado Sarmiento como poder Ejecutivo, pero no el Congreso. Además, no faltaban las cláusulas tramposas, como la que proponía 'comprar' a los aborígenes un territorio que en ningún momento se les habla reconocido en propi~ dad. Según las leyes heredadas de España, eran meros intrusos y, por otra parte, otra ley, sancionada en 1867, ordenaba su expulsión al otro lado del río Negro. Claro está que Mansilla sabía todo esto, pero, en tanto militar blanco, no tuvo mayores escrúpulos en el momento de su partida. Lo cual no quita que, después de haber conocido mejor a los ranqueles, haya tenido para ellos palabras de apoyo y defensa, y que se perciban fuertes acentos de censura cuando se refiere al proceder de los blancos.

Más allá de estas razones oficiales ganar tiempo, en suma, hasta que se diera la batalla definitiva, que sólo llegaría con Roca-, podemos conjeturar fundadamente que también empujaron a Mansilla motivos específicamente personales: su afán de conocimiento del otro y de lo otro, que va más allá de la mera curiosidad y alcanza en él trascendencia psicológica y hasta metafísica.

Pero, ¿por qué repetir el viaje de Mansilla, hoy, a fines del siglo XX? Para La pasión de los nómades, la novela que tenía entre manos, era imprescindible, puesto que en ella un Mansilla fantasmal, vuelto a la vida y ávido de reinstalarse en el mundo, decide retornar por sus viejas huellas cuando el vértigo y el desencanto lo alejan de una desmesurada Buenos Aires postmoderna, donde ya no parece haber lugar para él. ¿Lo hay, acaso, en los senderos de la pampa? ¿Lo está esperando alguien en los oasis y las encrucijadas? Estas y otras preguntas, para bien o para mal, se irían respondiendo a lo largo de un trayecto que es el mismo, pero es también irremediable-mente otro.

Mi camino de los ranqueles había empezado mucho antes, en las numerosas rutas de las bibliotecas y en las entrevistas con los expertos: el antropólogo Rodolfo Casamiquela; Evar Amieva, licenciado en filosofia y estudioso (o aprendiz, como él preferiría llamarse) de la sabiduría espiritual ranquelina; el historiador Carlos Mayol Laferrére, que hizo la ruta de Mansilla con casi setenta jinetes en 1980. Le debo a este no sólo mapas con las actuales demarcaciones provinciales y municipales, que reconstruyen y precisan el dibujado por Mansilla mismo, sino referencias de investigaciones, sólo parcialmente publicadas hasta ahora, que pude consultar en sus fuentes.

Nuestra expedición comenzó el primero de enero de 1992 y no apeló a caballos; éramos cuatro: un matrimonio con dos hijos de once y ocho años en un Mercedes-Benz del 53, nuestro auto, elegido por razones sentimentales y simbólicas, pero también prácticas, pues sabíamos que podría transitar por los caminos agrestes de la Tierra Adentro, a menudo embarrados y pantanosos y otras veces casi inexistentes. Llevábamos los mapas de Mayol y los del Instituto Geográfico Militar, una buena cámara fotográfica, una fumadora doméstica, un grabador de periodista, una carpa y bolsas de dormir. El primer tramo del itinerario nos llevó de Buenos Aires a Río Cuarto, hoy una próspera ciudad y ayer subcomandancía de la frontera, con su cuartel y su plaza mayor, donde se oía gritar, con aterradora frecuencia: ¡Invaden los indias! No obstante, los indios no eran siempre invasores: un activo tráfico comercial y un telón de fondo de asiduos parlamentos políticos formaban también parte de la vida bulliciosa de un mundo en transición, situado al borde y en el limite de lo desconocido.

Desde Río Cuarto, en que la estatua de Lucio V Mansilla preside hoy un amplio bulevar, enfilamos a Villa Sarmiento, adonde fue trasladado en 1874 -y recibió el nombre de Sarmiento Nuev~ el recién estrenado fuerte Sarmiento (así llamado en honor al presidente en ejercicio), que vio partir a Mansilla el 30 de marzo de 1870. El fuerte original estaba en la otra margen del río Quinto, en el antiguo paso de las Arganas, un sitio no muy adecuado, que se abandonó por inundable.

En la época de nuestra visita, Villa Sarmiento era un caserío habitado por paisanos laboriosos, cuyos implementos de labranza podían verse a la vera de los caballos atados al palenque, y con ciertas características de pueblo fantasma, detenido en el tiempo. Ranchos de adobe, construcciones de ladrillo asentado en barro, una carnicería sin congelador, en la que, detrás de unas cortinas de arpillera que hacían las veces de puerta, se vendían reses recién sacrificadas, lo cual no impedía que se escuchase, al pasar por alguna casa, una muy moderna música de rock. El pueblo no contaba con agua corriente: los vecinos acudían a una bomba municipal, pero no les faltaba conciencia histórica; el jefe comunal se quejó de que menudeaban visitas de antropólogos e historiadores, en busca de materiales, y, sin embargo, la localidad no tenía siquiera un pequeño museo.

Sé que ahora ese requerimiento se ha cumplido y supongo que el agua corriente, entonces en proceso de instalación, funcionará también en esa zona de batallas y esperanzas perdidas.

El mapa nos indicaba, como próximo hito, la pequeña laguna Alegre. No ibamos por las rastrilladas, las vielas rutas del llamado desierto, marcadas por las huellas seculares de los animales y los hombres; seguir esas sendas seguras era imprescindible en la época de Mansilla, pues a los costados acechaban los temibles guadales, áreas pantanosas en las que las cabalgaduras podían hundírse y desaparecer. Hoy el terreno se ha endurecido y las rastrilladas no se registran sino en una vista aérea, por el diferente color de los pastos. Fuimos por las sendas vecinales, que comunican unos campos con otros, y no llegamos a la laguna Alegre, sino a la estancia El Alegre, cuyo encargado señaló que dicha lagunita, que convocó a los hombres de Mansilla y que entonces, a fuer de oasis en aquellas tierras salitrosas, era punto inexcusable en el camino de Leuvuco, había desaparecido, aparentemente tragada por el monte de chañar y caldén, común en una zona que los mapuches designaban como Mamuelmapu (aproximadamente, tierra o pais del monte).

La siguiente parada era el monte de la Vieja, otro oasis al que Mansilla y su gente arribaron con cierta dificultad, ya que la rastrillada, dice el autor, cruzaba por un campo lleno de chanarcítos espinosos. Estos siguen proliferando, al punto de que el encargado de la estancia actual, también llamada Monte de la Vieja, nos previno contra los renuevos, que pueden pinchar los neumáticos. El pequeno grupo de órboles, descripto por Mansilla, se había convertido en un amplio bosque. Comprobamos que allí la antigua expedición de este se había transfundido, en la memoria popular, con la mucho más reciente de Mayol Laferrére, identificado para los lugareños con el militar y escritor del siglo pasado. Como suele suceder, la realidad superaba a la ficción... También pudimos comprobar que una de las estancias de la zona lleva el nombre del cacique Melideo (que significa cuatro ratones), cuya inusual obesidad comparó Mansilla nada menos que con la del autor del Martín Fierro. Melideo constituyó el mayor desafío que tuvo que afrontar Lucio V en la ceremonia de saludo, que exigía levantar en peso a cada uno de los anfitriones y dar, al mismo tiempo, grandes gritos.

Después del monte de la Vieja, los mapas nos llevaron a la estación ferroviaria de Lecueder, en (se supone) el antiguo paraje de Zorro Colgado. Vimos apenas tres o cuatro casas de propiedad estatal, que rodeaban la estación semiabandonada. Cuando Mansilla atravesó esos mismos campos, el ferrocarril formaba parte de la gran utopía del Progreso y era un arduo punto de conflicto con los indígenas; ahora, lugares como Lecueder son el símbolo de una etapa argentina concluida.

Después, acampamos en la estancia San Félix, donde debió de encontrarse la pequeña laguna Ushelo. Nos hallamos frente a una gran planicie en la que, probablemente, había habido agua días atrás (quedaba entonces sólo un hilo). Sobre el terreno podían advertirse las marcas blancas del salitre y las huellas del ganado y del ñandú. Empezamos a habituarnos al tÍpico paisaje de las lagunas de la zona: agua escasa (dada la época del año, pues se llenan más adelante, en enero y febrero, tiempo de grandes lluvias), una gran depresión salitrosa y húmeda que constituye su lecho vacío, rodeado por montes de chañar y caldén, que forman un círculo imponente, y, por sobre todo, la vibración del cielo, traspasado por aves que chillan y poblado de enormes nubes que lanzan a la deriva sus formas fantásticas.

Nuestra próxima meta, la laguna del Cuero, constituía, en el momento de la excursión de Mansilla, uno de los nudos estratégicos a los que convergían los caminos del desierto. El acceso nos resultó por demás intrincado; por el mal estado de las sendas, tuvimos que cruzar por el medio de la estancia San José pero, llegados al campo llamado El Cuero, se nos informó que el pasaje a la laguna homónima no pertenecía ya a la propiedad. Atisbamos, apenas. cañadones en que pastaba hacienda y debimos resignarnos a dar una enorme vuelta, que nos hizo dejar la provincia de Córdoba para entrar, por San Luis, en la gran estancia Las Lagunas. una de las más grandes de la zona, de 27.OOOha. previa pernoctación en el poblado puntano de Nueva Galia, en una noche tormentosa, acosados por una nube de cascarudos.

Ya estábamos en plena zona de los montes del Cuero, que se extienden, según escribió Mansilla, de norte a sur y de naciente a poniente; llegan al río Chalileo, lo cruzan, y con estas interrupciones van a dar hasta el pie de la cordillera de los Andes. Y agregó : No he visto jamás en mis correrías por la India, por Africa, por Europa, por América, nada más solitario que estos montes del Cuero. Leguas y leguas de árboles secos, arrasados por la quemazón; de cenizos que envueltas en la arena se alzan al menor soplo de viento; cielo y tierra: he ahí el espectáculo. Verdaderamente, aun en pleno verano el paisaje presentaba un aspecto por demás desolado y fantasmal: árboles quemados y retorcidos que contrastaban con los penachos blancos de la paja brava otorgaban al lugar la apariencia de un territorio nevado y desértico. La voz indígena que designa la paja brava, cortadera o paja de penacho -ranca o rancul- se relaciona con el gentilicio de los ranqueles, como lo señala Mayol Laferrére, y con Ranquil. lugar del Neuquén donde se concentraban numerosos mapuches. que fueron emigrando a la zona pampeana y. según Casamiquela, se mezclaron allí con querandíes y tehuelches septentrionales, a los que impusieron paulatinamente su cultura.

Ya en la estancia Las Lagunas, luego de haber cruzado un espeso monte de chañares, nos encontramos en la planicie del Cuero, parcialmente inundada. Vimos el escenario descripto por Mansilla: un amplio bajo en el que se sitúa la laguna y, a su alrededor, los médanos elevados donde comienzan los grandes bosques. En esos montes espinosos, afirma el escritor, había pastos abundantes y agua que podía obtenerse sin demasiado trabajo. Por aquí soñaba el gobierno de Sarmiento con hacer pasar el ferrocarril, contra la voluntad del jefe ranquel Mariano Rosas, quien tenía bien guardados (y leídos por sus amanuenses blancos) los recortes del diario La Tribuna, en los que se hablaba de un proyecto que, como tantos otros, quedó en el tintero. Aquí vivía, también, el Indio Blanco, extraño personaje, tan blanco de piel como de apellido (Mansilla lo creía descendiente de la familia Blanco, de San Luis), que actuaba como Robin Hood en Sherwood, pero en provecho propio, pues no repartía sino con sus pocos secuaces el botín de sus correrías.

Al Cuero quiso llegar, sin lograrlo, la expedición de Emilio Mitre, que se perdió en el camino por falta de buen baqueano y resultó trágicamente diezmada, más por el laberíntico país del monte que por enemigos de carne y hueso. Si en los tiempos de Mansilla la laguna del Cuero era uno de los manantiales más codiciados de la zona, hoy su valor es escaso, ya que bien distribuidos molinos extraen agua para la hacienda, y ni cristianos ni ranqueles (extinguidos en el área, por otra parte) dependen de aquella para sustentarse en sus expediciones ecuestres. Su significado estratégico, claro está, tampoco cuenta, y nadie vigila desde los montes la eventual aparición de grupos de jinetes; pero aún describe, como entonces, un circulo de cien metros de diámetro, en el que las aves acuáticas beben el agua dulce, y sobre el cual el cielo, siempre mayor que la tierra, conforma el mejor espectáculo.

De vuelta en Nueva Galia, retomamos la ruta nacional 148 con el objetivo de llegar a la laguna La Verde, una de las más mentadas en la excursión de Mansilla. Pero los lugares por donde pasaba la antigua rastrillada están hoy tapados por el monte. Salimos de la ruta y, luego de varios desvíos, llegamos al campo de don Pedro Pildain, en cuyos médanos, oculta tras los árboles, debió de estar La Verde, que, cuando la conoció Mansilla, era uno laguna como de 300m de diámetro, profunda, adornado de árboles y escondida en la hoya de un médano que tendría 70 pies de elevación. Allí se apresur6 el coronel a bañarse, con el objeto de inspirar confianza a sus hombres y, sobre todo, a los indios, silo descubrían en ese lugar. La costumbre higiénica del baño al amanecer, practicada por los aborígenes y depositaria de una significación ritual y purificadora, no gozaba del mismo prestigio entre la tropa criolla, mucho menos afecta a las abluciones. Aunque Pildain también pudo bañarse en esas aguas muy verdes durante su infancia, hoy la laguna se halla cubierta por un espeso monte. Tampoco pudimos acceder, por similares razones, a las lagunitas conocidas en la época de Mansilla como Allíanco y Calcumuleu.

Por fin traspusimos el limite norte de la provincia de La Pampa y marchamos hacia la laguna Leuvuco, situada en la estancia San Juan, 40km al noroeste de la ciudad de Victorica.

Al lado de esta laguna tenía sus tolderías Mariano Rosas y, por lo tanto, allí se hallaba el centro del imperio ranquel. Un imperio virtual, que no impresionó precisamente a Mansilla por sus apariencias: La morada de Mariano Rosas consistía en unos cuantos toldos diseminados y en unos cuantos ranchos, construidas por la gente de Ayala, en un corral y varios palenques. Leubuco es una laguna sin interés -quiere decir agua que corre: leubu, corre, y co, agua-. Queda en un descampado a orilla de una cejo de monte, en uno quebrado de médanos bajos. Los alrededores de aquel paraje son tristísimos, es lo más yermo y estéril de cuanto he visto; una soledad ideal. La laguna tiene forma de ocho, con un rizo hacia el oeste y el otro hacia el este y sus aguas son dulces y potables.

La importancia de Leuvuco era, sobre todo, estratégica, por ser un nudo de caminos que conducían hacia las tolderías del cacique Ramón, en los montes de Carrilobo; hacia las del cacique Baigorrita (ahijado del militar unitario Manuel Baigorria, exiliado veinte años entre los ranqueles), situadas a la orilla de los montes de Quenque; hacia las de Calfucura, en Salinas Grandes, y hacia la cordillera y las tribus mapuches (el llamado camino chilena). Este lugar y quienes conoció allí inspiraron a Mansilla sus páginas tal vez más lúcidas y profundas. Pensando en los habitantes de Leuvuco habló contra la civilización sin clemencia, y denunció la rígida dicotomía de civilización y barbarie (mostrando que los presuntos 'bárbaros' tenían no pocas cosas que enseñar a los sedicentes 'civilizados'). Para él, la teoría positivista en boga, que proclamaba unas razas superiores a otras, no era sino una falacia instrumentada políticamente para justifícar el despotismo.

A la salida de la estancia San Juan volvimos a encontrarnos con el panorama del monte quemado, una de las características más típicas e impresionantes de este país de árboles que van cubriendo con avidez la superficie sólo aparentemente inhóspita de la tierra. Otra vez en la ruta nacional 148, nos dirigimos a Víctorica -la ciudad más antigua de La Pampa, aunque la mayoría de los edificios sean de construcción moderna- y, desde allí, otra vez a Buenos Aires, por la ruta 5, con Trenque Lauquen como última parada con significación histórica. Habíamos cumplido no sólo un viaje en el espacio (en total, unos 2300km) sino, sobre todo, un viaje hacia la comprensión del tiempo.

Cabe preguntarse qué fue de Mansilla después de la excursión, por la que, casi exclusivamente, se lo recuerda, y de sus nuevos y fugaces amigos ranqueles. El carácter rebelde, independiente y quisquilloso de Mansilla lo alejó de la vida de cuartel. Cuando regresó, debió afrontar un juicio por un asunto formal: había ordenado el fusilamiento del soldado desertor Avelino Acosta, de acuerdo con la ley militar, pero sin informarlo previamente a la autoridad superior.

Seguramente hubiese salido bien librado, de no haber remitido cartas insolentes al ministro de Guerra. Fue sancionado con pase a disponibilidad y suspensión de su sueldo por un año; luego retornó, sobreseído, a la milicia activa, pero ya sin mando de tropas. Lo absorberá de lleno, aunque sin mucho éxito, la pasión política: será diputado y diplomático y, en ciertos períodos, arrastrado por los vientos progresistas del roquismo, parecerá haber olvidado su defensa de la peculiaridad cultural aborigen. Sin embargo no fue así. Ya viejo, en su casa de París, quiso mostrarle una tarde a su ¡oven amigo Miguel Angel Cárcano la prenda que más quería: el poncho araucano que recibiera como regalo, tejido por la mujer principal del cacique Mariano Rosas. Pero, aunque cuidadosamente guardado en una caja envuelta con cintas de seda, habla sucumbido a la polilla. Derrumbándose en un sillón, el viejo Lucio V., que habla visto partir antes que él a sus cuatro hijos y a sus contemporáneos más queridos, estalló en profundos sollozos.

Los ranqueles se dispersaron luego de la conquista de Roca. Murió Mariano, aún joven, en 1877. Lo sucedió su hermano Epumer, que no suscitó el mismo respeto entre los suyos. Los que no cayeron muertos o cautivos huyeron hacia el sur y hacia Chile. Hoy sólo queda un grupo de ranqueles en la población pampeana de Emilio Mitre. Lo que sus antecesores dejaron resulta casi imperceptible para la mirada de una civilización que mide los logros humanos, sobre todo, por los éxitos técnicos y materiales: apenas algunos cantos y danzas; instrumentos musicales, tejidos y alhajas de plata; mitos y cuentos; viajes al país de los muertos desde un árbol sagrado, y algunos poemas que nos recuerdan -en estos tiempos ecológicos- hasta qué punto se sentían, no ya los dueños y expoliadores, sino las criaturas de la tierra: Toda la mapu es uno sola alma, somos partes de ella. No podrán morir nuestras almas. Cambiar, sí que pueden, pero no apagarse. Una sola almo somos, como hay un solo mundo.

Maria Rosa Lojo CONICET


lunes, 25 de octubre de 2010

ARCHIVOS DE PRENSA 2010

DIARIO LA ARENA:

Edición del 25/7/2010

Segundo encuentro de "La Pampa Rankel"

En las instalaciones del parque recreativo "Don Tomás" se llevó a cabo el segundo encuentro de "La Pampa Rankel" organizado por la Asociación Rankelina "Gente de Epugmer". El primer encuentro fue el año pasado.
Ayer, 24 de julio, se conmemoró el "Día del Aborigen Pampeano". La Asociación Rankelina "Gente de Epugmer" organizó, para celebrarlo, el segundo encuentro de "La Pampa Rankel" que se llevó a cabo en el comedor del Parque Recreativo Don Tomás. Allí estuvieron presentes los descendientes del cacique Epugmer, además de autoridades municipales como el Intendente Francisco Torroba y concejales de la ciudad. Alrededor de 60 personas celebraron este día tan especial que afecta a toda la comunidad aborigen de la provincia y el lema, del encuentro, giró en rendirle un sincero homenaje al cacique Epugmer.
El encuentro arrancó en horas de la mañana de ayer con la entonación del Himno Nacional Argentino, luego le siguieron las palabras del Lonko de la comunidad "Gente de Epugmer", Enrique Pereyra, quien se mostró muy emocionado con la celebración. Prosiguió, con sus palabras, el concejal del partido justicialista Rubén Santillán quien tiene un proyecto en torno a la protección de la comunidad. Según informó Pereyra, el concejal desea adjudicarle a los caldenes, que se encuentran en el campamento por dónde estuvieron los ranqueles, nombres de los distintos caciques de la comunidad aborigen rankel. Luego llegó el turno Mariné Canhué quien brindó un panorama histórico de la presencia de los rankeles en el país. Después de las palabras de los presentes, los asistentes a este segundo encuentro de "La Pampa Rankel", almorzaron empanadas y un rico asado.

Números artísticos
La sobremesa fue muy alegre y divertida debido que un baile popular fue el puntapié para el inicio de las diferentes presentaciones artísticas. Hubo música y bailes folclóricos con la participación del grupo "Pampa y Caldén" en la danza, José Luis Flores, Oscar "Tito" Luis y Pedro Ramón Lucero en el canto. La jornada culminó con un gran baile popular. El Lonko de la comunidad "Gente de Epumer", Enrique Pereyra, realizó un balance muy positivo del encuentro. "El travum -reunión de invitados- se llevó a cabo en homenaje al bravo y olvidado cacique de La Pampa, Epugmer. El encuentro tuvo por motivo reunir a todos los descendientes del audaz cacique que habitó en la zona de Leubucó, al que hemos querido homenajear todos los 24 de julio, con el objeto de reivindicar su memoria que ha sido prácticamente olvidada por la historia". Este segundo encuentro de "La Pampa Rankel" se dio, entonces, en el marco de una celebración entre la descendencia Epugmer y de personas interesadas en preservar la cultura aborigen de la provincia.

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Edición del 18/8/2010

Luego de 20 años, reglamentaron la Ley de Política Indígena

Tras la sanción de la ley 1228 y la publicación del decreto 1586/10, el gobierno pampeano presentó en forma oficial al Consejo Provincial Aborigen. El cuerpo estará integrado por representantes oficiales y aborígenes, y una de sus primeras tareas será relevar las tierras pampeanas donde viven estas comunidades.
Si bien La Pampa ya tuvo organismos focalizados en la temática indígena, nunca llegaron a funcionar como tales, ni lo hicieron en la forma periódica que sus decretos o leyes de creación lo establecían. Este nuevo intento vino de la mano de la sanción de la ley provincial 1228 por la que el gobierno pampeano adhirió a la ley nacional 23302 de Política Indígena y Apoyo a las Comunidades Aborígenes.
La presentación se concretó ayer por la mañana en el Salón de Acuerdos de Casa de Gobierno. El ministro de Bienestar Social, Gustavo Fernández Mendía, encabezó la ceremonia ya que, según el decreto 1586/10, corresponde a esa función la titularidad del Consejo. Junto a él, estuvieron en el Salón de Acuerdos los otros ministros que integran el Consejo y varios representantes de pueblos originarios.
"A partir de aquí van a comenzar las convocatorias a las reuniones plenarias, de las cuales tenemos que hacer dos por año", explicó el ministro Fernández Mendía. "En la primera, estimamos que se redactará el reglamento de funcionamiento y existe la posibilidad de conformar comisiones de trabajo, abocándose a cada una de las problemáticas que el propio Consejo determine".
Los temas que aborde el Consejo versarán sobre la defensa de los derechos, la difusión de las cuestiones culturales, el idioma y todo lo referente a las problemáticas de los pueblos originarios. Asimismo, se realizará un relevamiento de toda la documentación "que se encuentra desperdigada", indicó el ministro. "Hoy no hay un lugar donde esté centralizada la misma. Estamos recavando información para acercarle a Nación sobre el relevamiento de tierras".

Tierras.
En referencia a la situación de la Provincia, Fernández Mendía destacó que se continúa trabajando en forma permanente. "La Pampa tiene la ventaja sobre otras provincias de que existen trabajos que documentan la existencia de cada uno de ellos, están censados. Estamos trabajando con el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) en el relevamiento de tierras, tenemos varios trabajos avanzados. La creación de este Consejo va a potenciar todo esto".
En el acto, se encontraban presentes, los ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad, César Ignacio Rodríguez; de Cultura y Educación, Néstor Torres; de Salud, Luis Ordoñez, el secretario de Derechos Humanos, Rubén Funes, el presidente del Consejo de Lonkos, Oscar Guala, y varios representantes de la comunidad aborigen.

Histórico.
El "lonko" Oscar Guala manifestó que el pueblo Ranquel está viviendo un hecho histórico. Agradeció al Gobierno de la Provincia y sus ministros, ya que "lo que prometieron, lo están cumpliendo. Hace tiempo, cuando tuvimos una reunión con el Gobernador, él nos dijo que firmaría un convenio para trabajar sobre el relevamiento territorial. También la formación de este Consejo, hoy se hizo realidad. El Gobierno nos abrió las puertas para poder trabajar con ellos. Esperemos, que todos los representantes del pueblo Ranquel, trabajen en común acuerdo con los Ministros de cada área. En nombre de todas las comunidades, agradezco este hecho histórico que se ha concretado después de 19 años de espera".

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Edición del 22/6/2010

Celebrarán año nuevo ranquel

Descendientes aborígenes de todo el país se congregarán en esta ciudad para discutir y capacitar sobre las problemáticas indígenas. Esperan a numerosas comunidades y destacan el apoyo de instituciones educativas.
Entrevistada por este medio, la jefa de la comunidad ranquel de General Pico, Rosa Contreras, confirmó que el sábado 24 y el domingo 25 de julio se realizará, en las instalaciones de la Sociedad Española, el "Cuarto Encuentro Nacional de Pueblos Originarios".
La celebración, que contará con la presencia de los descendientes de todas las entidades
aborígenes asentadas en el territorio nacional, tiene como objetivo afianzar la unidad en la lucha por los derechos ancestrales de las distintas naciones indígenas.
"El sábado a la mañana recibiremos a los compañeros para conversar sobre las problemáticas por las que atravesamos y luego realizaremos un almuerzo alusivo con comidas típicas", detalló Contreras.
Según la ranquel, durante la tarde se llevarán a cabo talleres de capacitación destinados a descendientes y a la comunidad en general. "Tenemos que destacar el apoyo de algunas instituciones educativas de la ciudad que nos brindaron sus instalaciones para desarrollar las jornadas de aprendizaje", añadió.
La aborigen aclaró que algunas jornadas se realizarán en las escuelas primarias y otras en la Sociedad Española.
Informó que se tratarán diversos temas como: la tierra y el territorio, la mujer y la joven originaria como así también la identidad y las leyes.
En General Pico se continuará con una tradición que comenzó en 2007 en Rosario. Un año después se desarrolló en la ciudad chaqueña de Pampa del Indio y en 2009 se llevó a cabo en la ciudad de Libertador San Martín en Jujuy.
En tanto, el diputado nacional por La Pampa Ulises Forte (UCR) presentó un proyecto de resolución para declarar de interés parlamentario al cuarto encuentro de pueblos originarios.

Lebucó.
Por otra parte, mañana y el miércoles se celebrará en el asentamiento "Mariano Rosas" -a unos 30 kilómetros de la localidad de Victorica- el año nuevo ranquel.
Contreras afirmó que se reunirán todas las comunidades ranqueles de La Pampa, aunque también participarán descendientes de otras provincias como Mendoza y San Luis.
Especificó que mañana a las 24 se prenderá el fuego sagrado y se mantendrá encendido hasta que amanezca. "En ese momento se realiza la rogativa donde pedimos por el alimento de la tierra, por los enfermos y agradecemos por todo lo que tenemos", graficó.
Expresó además que desde la comunidad piquense se entabló una "fructífera relación" con los aborígenes de diferentes localidades pampeanas y que para el "Lebucó" se espera la presencia de más de 50 indígenas adultos. "Además estamos esperando a los integrantes de la secretaría de Cultura de La Pampa y a docentes de las escuelas de toda la provincia", completó.

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Edición del 25/4/2010

Winifreda cambió el nombre de dos calles

Las denominaciones Julio Argentino Roca y Conquista del Desierto, asociadas a la muerte de miles de aborígenes, fueron eliminados de las calles de esta localidad y reemplazados por Presidente Raúl Ricardo Alfonsín y Pueblo Ranquel, respectivamente. En una histórica sesión ordinaria del Concejo Deliberante, celebrada el miércoles, los concejales de ambos bloques (Frepam y PJ) sancionaron las ordenanzas respectivas, una por mayoría y otra por unanimidad. Lo trascendente radica en que ambas normas apuntan a ser señeras en La Pampa y marcan el camino para que puedan ser imitadas por el resto de las localidades.
El cambio de denominación de las calles tomó tanta relevancia que la mayoría de los funcionarios municipales, integrantes de la mesa directiva del comité de la Unión Cívica Radical, afiliados a ese partido político se acercaron al recinto para presenciar el debate al igual que un matrimonio domiciliado en la avenida Roca integrado por Darío Jañez, gerente de la cooperativa eléctrica, y su esposa Fernanda Funes, docente. Ellos habían elevado hace unas semanas al CD una carta proponiendo una consulta popular y como alternativa previa a esa metodología aportaron el nombre de Cacique Pincén, que públicamente había sugerido el escritor local y docente de la UNLPam, Daniel Pellegrino, y que los concejales del PJ, ni lerdos ni perezosos, plasmaron en un proyecto de ordenanza que presentaron durante la sesión del miércoles.

"Exterminio".
Primeramente se dio lectura al proyecto presentado el 3 de diciembre de 2009 por los ediles Marta Berg, Silvia Benito y Rubén Gutiérrez. Los radicales sostuvieron que Roca fue el artífice de la llamada por nuestra historia "Campaña del Desierto" desarrollada al solo efecto de robarle tierras a los pueblos originarios. Esa "guerra de exterminio" se concretó con una crueldad que repugna en todo sentimiento humanitario. Roca reestableció la esclavitud al anunciar el reparto de indios, los fusilamientos, la quita de niños a sus madres, entre otras atrocidades. A estas prácticas asesinas se les deben imputar también la malversación de tierras de propiedad aborigen robadas a sus dueños originarios y repartidas como botín de guerra. Llamaron desierto a un territorio ocupado por aborígenes a los que hoy la Constitución Nacional denomina pueblos preexistentes. Los ediles quisieron enmendar lo que consideran que fue "un error histórico" el homenaje rendido durante tantos años a Roca en esta localidad. Por eso, propusieron que la avenida sea rebautizada con el nombre de Presidente Raúl Ricardo Alfonsín en reconocimiento a un hombre de la democracia, político, estadista y firme defensor de los DDHH, la antítesis de Roca.

"Guerra sangrienta".
Luisa Ponce (PJ) coincidió con sus pares en que Roca no merece tener una calle en su honor pero no adhirió al nombre del ya mítico líder radical. "No ponemos en tela de juicio al gobierno de Alfonsín, pero si tratamos de enmendar un error histórico no podemos dejar de lado a nuestros pueblos originarios porque fueron ellos los perseguidos, expulsados, asesinados por Roca y fue el Cacique Pincén una de las figuras más emblemáticas por su resistencia en esa lucha desigual. Reemplazar el nombre de Roca por uno que no tenga connotaciones directas con las víctimas del genocidio que fue la mal llamada Conquista del Desierto sería alcanzar un grado de complicidad con ese proceso y estaríamos poniendo un manto de olvido a las atrocidades cometidas", fundamentó. La presidenta del CD, Marta Berg, sostuvo que la intención del proyecto oficialista era cambiar el nombre de un presidente por otro diametralmente opuesto en valores. "Roca encaró una guerra sangrienta contra los indígenas y pisoteó los derechos humanos, Alfonsín, en cambio, enarboló las banderas de la paz y creó la Conadep", comparó. "Si el bloque del Frepam no hubiese tomado la determinación de cambiar el nombre de la avenida Roca nadie se hubiera acordado de reivindicar a los pueblos originarios", resaltó Berg. La edila consideró que Pueblo Ranquel, el nuevo nombre que recibió la calle Conquista del Desierto, agrupa a toda la comunidad ranquelina y dentro de ella al Cacique Pincén, por lo tanto se homenajea a los pueblos originarios.
Al momento de la votación, se produjo un empate en tres y Berg desempató con su doble voto.

Homenaje a los Ranqueles.
Los concejales radicales y peronistas, por unanimidad, le dieron el visto bueno al proyecto de la intendenta Berta Herlein, quien proponía rebautizar la calle Conquista del Desierto por "Pueblo Ranquel". La jefa comunal fundamentó que para los conquistadores, entre ellos el general Julio Roca, los aborígenes representaban una amenaza y la única solución que encontraron fue extinguirlos, subyugarlos o expulsarlos mediante ataques sistemáticos contra sus establecimientos. "Los ranqueles son una etnia originaria de la Argentina que formaron parte de la cultura mapuche aunque sus componentes iniciales eran tehuelches. Entre 1775 y 1790 parte de estos grupos originarios se ubicaron en una zona que denominaron "Mamüll Mapu" porque se encontraba cubierta de bosques de caldenes, algarrobos y chañares y que se extendía desde el sur de las actuales provincias de San Luis y Córdoba hasta el sur de La Pampa. Hasta 1879 mantuvieron su independencia política respecto del poder colonial español incluso del estado sucesor argentino y estaban bajo la mano de un Lonko Che (jefe de tribu). Con el tiempo la sede principal de los ranqueles se ubicó en Luevucó, al norte de Victorica, donde hoy descansan los restos de uno de sus principales caciques, Mariano Rosas", finalizó. Vale recordar que el presidente del Consejo de Lonkos de Comunidades Indígenas de La Pampa, Oscar Alfredo Guala, le había solicitado por carta a los ediles que apoyarán la iniciativa de Herlein. "En el año del Bicentenario de la patria es loable la iniciativa de la municipalidad de Winifreda en reconocer a quienes habitaban originariamente esta parte del territorio argentino", escribió Guala.

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Edición del 21/3/2010

Genocidio de pueblos originarios

Durante la denominada Campaña del Desierto se procedió a aplicar desde el Estado argentino un proceso genocida contra los pueblos originarios. Fundamentos para entender una práctica que tiene su continuidad.

Durante muchos años se pretendió mostrar una imagen de La Pampa como una isla en los años sangrientos de la dictadura de 1976-1983. Esta visión ha sido rebatida ya por varios trabajos que dan cuenta de la represión por esos años en estas tierras. Actualmente, organizaciones de pueblos originarios reclaman el reconocimiento de las políticas hacia sus antepasados como el primer genocidio en Argentina. ¿Es aplicable este concepto a lo que sucedió en Patagonia y la región pampeana? En este artículo sostenemos que sí lo es, y haremos referencia a prácticas llevadas a cabo en ese sentido en el territorio que se corresponde con la actual provincia de La Pampa.

¿Qué
es y qué no es?
El artículo 2° de la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, sancionada en 1948 establece que "se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; e) Traslado por fuerza de niños de un grupo a otro grupo."
Como señala Daniel Feierstein, director del Centro de Estudios sobre Genocidio en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, es necesario ser cuidadosos para evitar aplicar el concepto a experiencias que a pesar de que las consideremos reprobables, no están orientadas a un proceso genocida. Para ejemplificar su punto de vista, el investigador analiza si es factible que consideremos como tales a las víctimas de las políticas neoliberales de los años 90 en Argentina, y concluye que no es posible extender de tal manera el concepto. En las prácticas sociales genocidas -explica este sociólogo- el Estado organiza una maquinaria de aniquilamiento sistemático de una fracción delimitada de la sociedad, elegida y seleccionada en función de su origen, ideas políticas o prácticas sociales. A diferencia de ellos, en las políticas neoliberales referidas, se trata de la implementación de una política económica en la que el estado se desentiende del destino de su población en pos de apoyar el incremento desmesurado de la ganancia de algunos grupos sociales.

Argumentos.
Ahora bien, si nos remontamos a los motivos de las campañas de 1878-1885 contra los pueblos originarios que habitaban la región pampeana y patagónica, alguien podría argumentar que -más que el exterminio de la población indígena- lo que se pretendía era obtener las tierras para garantizar extraordinarias rentas a determinados grupos de poder; y que, como estos pueblos no fueron eliminados físicamente en su totalidad, no sería posible hablar de genocidio.
Contra este razonamiento sostenemos dos objeciones: en primer lugar, que no es factible categorizar una práctica genocida en función de los resultados (después de todo, el Holocausto tampoco eliminó físicamente a toda la población judía), sino de los objetivos y los dispositivos puestos en marcha para hacerlo. En segundo lugar, si bien es cierto que el objetivo en última instancia era incorporar las tierras al control nacional como un recurso fundamental, para buena parte de la elite argentina, era indispensable terminar con la inexistencia de grupos indígenas constituidos como tales -esto es, en agrupaciones autónomas-. Así, toda la maquinaria estatal se puso a disposición de eliminar -aunque no físicamente a la totalidad de la población- a las sociedades indígenas como tales. Veamos en qué consistieron estos dispositivos, con algunos ejemplos particulares de lo sucedido con las poblaciones que habitaban lo que años más tarde sería La Pampa. El lector podrá observar que varias de las prácticas mencionadas en el artículo 2° citado al inicio de este apartado, se encuentran presentes en esa triste historia.

Prácticas genocidas.
La más conocida de estas prácticas es por supuesto el exterminio físico. Entre mayo y diciembre de 1878 el ejército comandado por Julio A. Roca realizó 23 expediciones, en las que fueron ultimadas 398 personas, se tomaron prisioneros 901 lanceros y 3.668 miembros de sus familias. Meses después, durante 1879 fueron asesinados 1.313 lanceros, y tomados prisioneros más de 10.000 indígenas entre hombres, mujeres, niños y ancianos. En estas cifras no se incluyen los que fueron asesinados en persecuciones, muertos por hambre en el mismo territorio, o diezmados por las epidemias de viruela, que hicieron estragos entre la población nativa.
A pesar de las versiones oficiales sobre "enfrentamientos" militares, el encierro en campos de concentración y fusilamientos también fue una práctica tristemente habitual en este contexto: los ranqueles recuerdan en particular la masacre de Pozo del Cuadril, en Villa Mercedes, ocurrida en octubre de 1878, cuando un grupo de lanceros fue a buscar las provisiones prometidas por un tratado de paz firmado meses antes. En esa ocasión, entre 50 ó 60 ranqueles fueron encerrados en un corral y fusilados a sangre fría, en un episodio que la prensa nacional resaltó escandalizada. Además de los campos de concentración cuya existencia se ha podido verificar en nordpatagonia, otras memorias de viajeros indican la presencia de campos de este tipo en la zona de Puán y de Bahía Blanca, donde los prisioneros esperaban su traslado hacia destinos laborales muy distantes. El campo de concentración más conocido fue el de la Isla Martín García.
Desde estos puntos, se proseguía con el desmembramiento de familias completas: los hombres adultos podían ser enviados a las distantes zafras azucarera, yerbatera y algodonera, o eran incorporados a la policía, el ejército y la marina. Como han demostrado investigaciones de José Carlos Depetris y de Diana Lenton, la presencia de pampas y ranqueles en los ingenios azucareros de Tucumán implicaba el trabajo en condiciones de esclavitud y el cambio de nombres, así como la represión de sus prácticas culturales. A su vez, los niños y mujeres eran distribuidos al servicio doméstico urbano de familias acomodadas de Córdoba y Buenos Aires.

Identidades rotas.
A la vez, fue común la supresión de los nombres indígenas y la clasificación de los nativos sobrevivientes y sus descendientes como "argentinos" en dos ocasiones de fundamental importancia: al bautizarlos, cuando se les imponía un nombre y apellido distinto en sustitución del original; y en los recuentos censales, considerándolos incluidos dentro la categoría argentino nativo. Este último procedimiento, sumado a un discurso que destacó la importancia efectiva del aporte inmigratorio, contribuyó a enmascarar la significación de la población de origen indígena, invisibilizando a sus miembros.
Por otro lado, la expropiación de sus tierras y la denegación sistemática a entregarles otras, era parte de una política que pretendía desconocer todo tipo de liderazgo indígena previo a 1878, y a la vez impedir que esta población se asentara en forma concentrada en determinados lugares. Los gobernadores del Territorio de La Pampa se negaron una y otra vez a hacer lugar a los pedidos de parcelas. Eduardo Pico sostenía en 1896, que "Permitírsele agruparse en la forma en que antes estuvieron y volver a la vida del aduar seria condenarlos a una perpetua barbarie. El aislamiento de su casta borraría inmediatamente las nociones de vida ordenada que han adquirido evitando las tendencias de sus espíritus salvajes. Las tribus no pueden, no deben existir dentro del orden nacional. Las que tubieron [sic] su asiento en este territorio se encuentran también dispersas diseminadas en los departamentos los individuos que las componían, allí viven felices, entregados a las faenas de campo amparados como los demás ciudadanos por las leyes protectoras de la Nación y divorciados por completo de la autoridad de los caciques sus antiguos gefes [sic]. /.../ la práctica ha demostrado lo perjudicial que son á los vecindarios las agrupaciones de indígenas, tanto en lo que se relaciona á sus intereses, cuanto en lo que concierne a sus costumbres y moralidad" (en expediente 1.150 letra D, del Departamento de Tierras, Colonias y Agricultura, "Díaz Francisco s/tierra para su tribu", Fondo Tierras, Archivo Histórico Provincial).
La cita contiene muchos de los elementos presentes en los discursos que justifican un genocidio: la necesidad de impedir el agrupamiento ("Las tribus no pueden, no deben existir dentro del orden nacional"), la destrucción de sus lazos sociales ("dispersas diseminadas en los departamentos", "divorciados por completo de la autoridad de los caciques"), la desvalorización de sus prácticas culturales ("las tendencias de sus espíritus salvajes"), la expropiación de sus recursos y la explotación laboral ("entregados a las faenas de campo"). Detrás del discurso del "progreso" y de la Argentina como "granero del mundo" estaban los exterminios, las familias desmembradas, los grupos dispersados.
Finalmente, otra de las prácticas habituales, y cuyos efectos continúan hasta la actualidad, fue la desvalorización de las prácticas culturales de los vencidos. Frente a éstas, se subrayó el carácter positivo de las que portarían los inmigrantes extranjeros, y la población indígena fue asociada a la haraganería y al consumo excesivo de alcohol. Enrique Stieben señalaba aún en 1939, en sus conferencias radiales, que los indígenas en La Pampa "van desapareciendo, debilitados por el alcohol, el tabaco y la miseria producida por su incapacidad técnica y su absoluta falta de cultura. Entendemos ahora por qué no fue suficiente ni aconsejable otorgar a las tribus tierras en posesión común. Tampoco habría sido útil otorgar escrituras a título individual sobre leguas y más leguas. Los indios padecían una completa falta de las nociones de orden, administración doméstica y trabajo".

El genocidio continúa.

Matanzas como la de Pozo del Cuadril u otras similares de las últimas décadas del siglo XIX no fueron las últimas realizadas contra pueblos originarios en Argentina. En julio de 1924 tuvo lugar la masacre de Napalpí, contra tobas y mocovíes, en el Territorio Nacional del Chaco, bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear (más de doscientos muertos), y en octubre de 1947 la matanza de La Bomba, contra los pilagá en el Territorio Nacional de Formosa, durante la presidencia de Juan Domingo Perón. Esta última se inició con el fusilamiento de cientos de personas por parte de Gendarmería Nacional, y las persecuciones de sobrevivientes para rematarlos se prolongaron por diez días. Hasta la actualidad, se desconoce el número de víctimas, aunque se estima en varios centenares. Ninguno de los dos casos fueron "excesos" de dictaduras o de fuerzas armadas: son ejemplos de una larga lista de los procesos sociales genocidas instrumentados sistemáticamente contra los pueblos originarios con el objetivo de que nada perturbara la homogeneización social y la explotación laboral. La pregunta es entonces qué tipo de sociedad se había construido para entonces que permitía la permanencia de estas prácticas. Como demuestran varios investigadores, el exterminio físico es una etapa del proceso genocida que para ser legitimada debe ser precedida por construcciones discursivas que nieguen condiciones de humanidad al otro, lo hostiguen, lo aíslen y finalmente justifiquen el ataque contra ellos.
Quizás las discusiones sobre Roca y sus contribuciones al Estado nación en construcción resultan incómodas porque nos devuelven una imagen difícil de aceptar como argentinos. Esta imagen no sólo negaba la posibilidad de incorporar a otros distintos en la construcción de la nación, sino que fundaba la legitimidad de prácticas de exterminio de estos otros. Y lo incómodo es la persistencia de esta negación, que siguió siendo aceptada por buena parte de la sociedad argentina -especialmente la que miraba a Europa como modelo a seguir-, y es recreada cada vez que quien no es indígena se arroga el derecho de poner límites y establecer quién es indígena y quién no lo es, habla de "indios inventados", o resta legitimidad a sus reclamos. Cada vez que alguien se identifica como indígena en Argentina y otros le niegan su derecho a hacerlo argumentando que los indígenas fueron exterminados, que en todo caso son "descendientes" pero no "verdaderos indígenas", las prácticas genocidas vuelven a mostrar su prolongada eficacia.

Claudia Salomón Tarquini
Historiadora. UNLPam-Conicet

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Edición del 25/10/2008

Osvaldo Bayer presentó "Entredichos", su último libro

El escritor Osvaldo Bayer inauguró anoche en el Cine Amadeus el "XXIV Encuentro de las Letras Pampeanas", y presentó "Entredichos", su último libro. Organizada por la Asociación Pampeana de Escritores, la actividad servirá también para celebrar los 25 años de vida de la entidad.
Mientras Osvaldo Bayer llegaba a Santa Rosa, sobre la medianoche del jueves, desde Chubut intentaban, casi desesperadamente, comunicarse con él. "Queremos contarle que nos echaron bajo amenazas de la estancia de Benetton" explicaba el cineasta Mariano Aiello, productor y codirector de la película "Awka Liwen", un film histórico y documental "acerca del racismo contra los pueblos originarios y los criollos en Argentina".
Finalmente, cineasta y escritor lograron hacer contacto y mantuvieron un diálogo que compartieron con "El Aire de la Mañana", por Radio Noticias. Aiello relató que el martes fue "al Museo Leleke, en la estancia de Luciano Benetton, para tomar unas imágenes" pero antes de comenzar, mientras desplegaban las cámaras, "irrumpió a gritos el responsable del lugar". "Ustedes deben ser mapuches, pero tengo un arma para utilizar" los amenazó. Sin dejar de insultarlos, echó a todo el equipo de filmación, que radicó una denuncia por amenazas en la comisaría de Esquel. "Vivimos en carne propia la prepotencia brutal con que tratan a las personas de esta zona", dijo Aiello.
El cineasta recordó que el Museo Leleke es abierto al público y confirmó que "el día anterior se había acordado la hora de filmación con una persona del museo, luego de haber consultado a los responsables de prensa de la empresa Tierras del Sur", de Benetton.

"Dueños de la tierra".
"El origen de todo esto es la prepotencia de los dueños de la tierra y es un reproche para los argentinos, que dejamos comprar tranquilamente las grandes extensiones patagónicas a personas como el señor Benetton, que ni siquiera ha conocido desde antes este hermoso territorio pero viene con sus millones y a los pueblos que están desde hace miles de años se los apalea y desaloja porque lo que vale es el dinero", advirtió entonces Osvaldo Bayer. "Peor para ellos, porque lo dejaremos reflejado en el film", agregó.
- ¿Esta apropiación de los Benetton no es similar a la que realizó el Estado Nacional hace 200 años con estas tierras?
- Es exactamente lo mismo. Basta con leer los discursos del general Roca que encarnan un racismo insoportable. Una frase suya en un discurso oficial deja esto muy claro: "voy a conquistar esas tierras para entregarlas al capital extranjero". Creían que el capital traería el progreso, faltaría preguntarse para quién es ese progreso. Y así terminamos en la cima de la crueldad, una dictadura militar que hizo desaparecer personas, la más perversa en la historia del mundo, ni siquiera informar de alguien que hubiese sido ejecutado. Por eso tenemos que revisar nuestra historia y hacer valer el principio de la ética para vivir una vida en paz y sin racismo.
- ¿Usted cree que había otra forma?
- Por supuesto que sí.
- ¿Pero no hubo en el mundo una corriente de colonización?
- Sí, pero no por eso la vamos a aceptar. Hay que reconocer las equivocaciones de ese modo de proceder. La cultura occidental y cristiana nos condujo a guerras terribles. En la Primera Guerra Mundial los jóvenes se enfrentaba con bayonetas y se abrían el vientre. Eso no es ningún progreso. Tenemos que aceptar la historia, pero tenemos héroes con ética, como Moreno, Castelli, San Martín, Belgrano. Esta desviación histórica comenzó con Rivadavia, que contrató al coronel prusiano Rausch "para exterminar a los indios ranqueles" mediante un decreto que ni siquiera explicaba las razones para el exterminio. Y Roca trajo a cuatro norteamericanos para que calcularan cuántos indios había en las extensas pampas al sur de Buenos Aires. Estimaron que había unos 20 mil. ¿Acaso no había tierras para todos?

El camino de la ética.
Entonces le preguntaron a Bayer su postura frente a la actitud de un grupo que manchó de rojo una bandera y atacó a martillazos el busto de Roca en Santa Rosa. "Estoy contra la violencia. Creo que las cuestiones deben resolverse mediante argumentos y debate público, a través de los representantes el pueblo. Pero acá no se actúa. No hay violencia desde abajo si primero no hay una violencia de arriba. Cuando tapamos todo, porque "de eso no se habla", porque "hay que mirar para adelante", obtenemos ese resultado: alguien comienza a pensar que la única forma es arrancar el monumento con una grúa. Hay que saber leer la historia: Roca hablaba de los salvajes, los bárbaros, y San Martín de nuestros paisanos los indios.
- ¿Eliminando el nombre de Roca de calles y plazas se solucionan los problemas de los argentinos?
- Por supuesto que no, pero por ahí se empieza.
- ¿Usted cree que lo simbólico es muy importante?
- ¡Pero claro que sí! Por ahí empieza la violencia. Un chico asiste a la escuela Julio Argentino Roca, y lo identifica como un prócer, pero después lee sus discursos racistas o descubre que le regalaron las mejores 60 mil hectáreas de Guaminí, donde fundó su estancia "La Larga", como premio por la Conquista del Desierto, y eso es una barbaridad porque cobraba un sueldo de general, y no correspondía regalarle semejante superficie de tierra. El principio de la ética se ha mantenido durante toda la historia del ser humano, así que no me venga con que era una cosa de la época.

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EL DIARIO DE LA PAMPA

Piden que se cumplan los convenios para el mapa étnico del censo

Integrantes de la comunidad ranquel Luis Baigorrita y la comunidad “Kayu Antu Morituve” reclamaron que se cumplan los convenios firmados entre el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) y el INDEC para la “efectiva participación indígena” en el Censo Nacional de Población 2010.
El pedido fue formulado ante las últimas resoluciones de la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos que incluyeron 170 censistas de origen indígena, pero que fueron incorporados en condición de suplentes.
“El Censo Nacional de Población trata de censar cuántos habitantes de Argentina se identifican indígenas y a qué nación indígena pertenecen”, señalan.
“En La Pampa hay mayormente ranqueles, pero también hay otros pueblos indígenas hermanos. Hay dos formularios, el A y el B. En las ciudades de más de 55.000 habitantes se censará sólo un 10% de la población con la pregunta clave número 5, que dice. ’¿Existe en esta vivienda alguien perteneciente a pueblos indígenas/aborígenes, originarios? ¿A qué pueblo: rankulche, tehuelche, huarpe?’”, explican.
“En la localidad de menos de 55.000 personas, se aplicará el formulario ampliado con la pregunta en toda la población de cada localidad. Participan 170 censistas indígenas aproximadamente, que esperamos que pasen de calidad de suplentes a visitar las casas para tener un mapeo del panorama étnico en la provincia, que luego se focalizará en Encuesta Indígena finalizado el censo”, señalan las comunidades.
Entre los objetivos que se persigue con este censo se cuentan mayor participación en las políticas públicas, mayor inclusión social de la población en riesgo, mayor acceso a los programas educativos, de salud, culturales y visibilización de la población real que comienza a identificarse como descendientes de pueblos originarios en la provincia.
Respecto de los funcionarios públicos, las comunidades dijeron que “esperamos que se trate la situación indígena con idoneidad e inteligencia, con respeto y desde un marco de la interculturalidad. Hay un largo camino que deben recorrer los funcionarios de La Pampa y la sociedad civil para conocer la complejidad de nuestra situación y empezar a caminar en cogestión con las autoridades de nuestras comunidades indígenas, tal como lo determinan el artículo 75 inciso 17 de la Constitución y el artículo 6 de la Constitución Provincial”.

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Mapa étnico

“El mapa étnico de La Pampa marca presencia indígena en todas las localidades de la provincia”, afirman las comunidades Luis Baigorrita y “Kayu Antu Morituve”.
“Lentamente lo indígena empieza a fluir en las identidades de los habitantes. Ha sido un proceso de dura lucha por parte de los primeros líderes de difundir los derechos que contempla la ley y vencer los obstáculos y prejuicios presentes en una sociedad conservadora que daba como desaparecida la cultura indígena en La Pampa”, aseguran.
“Tenemos hermanos/as indígenas de distintos pueblos, de distintas clases sociales, de distinta pertenencia y adscripción a la vida comunitaria, de distintas generaciones, con distinta participación de género”, aseguran.
“El reconocimiento de la identidad es un proceso interno que cada persona puede iniciar la revisión de su propia historia, la búsqueda de sus antepasados mediante la genealogía. Recomendamos varias alternativas para buscar en el pasado. El relato y la historia de los abuelos mayores que puedan orientar la búsqueda, el contacto con los jefes de las comunidades indígenas más cercanas. Se puede complementar con documentos escritos tales como actas de nacimiento, defunción, matrimonio y bautismos, boletos de marca y todo documento histórico que tenga la familia. Las fotografías antiguas también pueden aportar datos de lugares, nombres y fechas de relevancia”, afirman las comunidades ranqueles.

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El Gobierno pondrá plata para construir una sede

Se llevó a cabo ayer, en el Ministerio de Bienestar Social, el primer encuentro del Consejo Provincial del Aborigen. El ministro de Bienestar Social, Gustavo Fernández Mendía, anunció que se aportará para la construcción de la sede propia donde comiencen a funcionar las comunidades aborígenes. El ministro calificó como “histórico” el encuentro de ayer.
Luego comentó que se ha avanzado en algunas herramientas prácticas: “por un lado se formó una Comisión de Documentación, que tiene como fin que todas las comunidades de La Pampa tengan su personería jurídica y su documentación en orden, para que cuenten con una existencia física y puedan trabajar a partir de ello”.
“También hemos trabajado sobre la elaboración de un documento interno del Consejo, en el cual se debatieron las políticas a llevar adelante”. Y luego adelantó que “un viejo anhelo del Consejo de Caciques era poder contar con una sede propia, y hay una decisión del Gobierno Provincial en ese sentido, con lo cual se les hará un aporte para ello, para que comiencen a funcionar allí”.
Seguidamente, el ministro recordó que a partir de este Consejo se trata de “efectuar una restitución de derechos, y este es un proceso más amplio que las cuestiones materiales, de las cuales nos hemos venido ocupando en la medida de lo posible y en el mismo marco que el resto de los pampeanos que padecen dificultades del orden social”.
Ante ello detalló que “hay problemáticas que son singulares de descendientes de aborígenes y esto es lo que el Consejo se tiene que proponer abordar, la problemática en sí misma con sus características propias, como cuestiones legales, históricas, culturales”.
Germán Canhué, referente de la comunidad ranquel presente en este encuentro, dijo que la reunión fue con motivo de dar cumplimiento a ley que crea el Consejo Provincial del Aborigen.
“Hemos tenido una reunión muy fructífera, hemos hablado de todos los temas, creemos que de acá en adelante nos espera una tarea muy ardua y de mucho esfuerzo”.
Seguidamente comentó que “el pueblo ranquel es un pueblo indígena que no solamente tiene un problema como la mayoría supone, que son las necesidades básicas insatisfechas y de allí viene el asistencialismo. Nosotros como pueblo tenemos demanda de viviendas, educación, salud, religión, de tierras, cultura”, sostuvo Canhué.

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Se hizo el primer encuentro del Consejo Provincial del Aborigen

Se llevó a cabo en el Ministerio de Bienestar Social: el Ministro adelantó que se aportará para la construcción de la sede propiadonde comiencen a funcionar las comunidades aborígenes.

El ministro de Bienestar Social, Gustavo Fernández Mendía, participó hoy de este primer encuentro del Consejo Provincial del Aborigen, al que calificó como "histórico". Luego comentó que se ha avanzado en algunas herramientas prácticas: "por un lado se formó una Comisión de Documentación, que tiene como fin que todas las comunidades de La Pampa tengan su personería jurídica y su documentación en orden, para que cuenten con una existencia física y puedan trabajar a partir de ello" .

"También hemos trabajado sobre la elaboración de un documento interno del Consejo, en el cual se debatieron las políticas a llevar adelante". Y luego adelantó que "un viejo anhelo del Consejo de Caciques era poder contar con una sede propia, y hay una decisión del Gobierno Provincial en ese sentido, con lo cual se les hará un aporte para ello, para que comiencen a funcionar allí".

Otro de los puntos determinado fue "enviar notificaciones a los diferentes organismos públicos para que efectúen consultas en todo lo referente a la problemática aborigen, para que sean las propias comunidades las que puedan fijar opinión respecto de sus necesidades".

Seguidamente, el ministro recordó que a partir de este Consejo se trata de "efectuar una restitución de derechos, y este es un proceso más amplio que las cuestiones materiales, de las cuales nos hemos venido ocupando en la medida de lo posible y en el mismo marco que el resto de los pampeanos que padecen dificultades del orden social".

Ante ello detalló que "hay problemáticas que son singulares de descendientes de aborígenes y esto es lo que el Consejo se tiene que proponer abordar, la problemática en si misma con sus características propias, como cuestiones legales, históricas, culturales". Por ello sostuvo finalmente que "el trabajo es adecuar todas estas necesidades al mecanismo burocrático del Estado para poder así, avanzar en este camino iniciado".

Muy buena predisposición

Germán Canhué, referente de la comunidad ranquel presente en este encuentro, dijo que la reunión fue con motivo de dar cumplimiento a Ley que crea el Consejo Provincial del Aborigen.

"Hemos tenido una reunión muy fructífera, hemos hablado de todos los temas, creemos que de acá en adelante nos espera una tarea muy ardua y de mucho esfuerzo", pero sobre todo remarcó "la buena predisposición del Ministerio y las ganas de nuestra gente de concretar acciones, creo que vamos a tener muchas y buenas novedades para el futuro".

Seguidamente comentó que "el pueblo ranquel es un pueblo indígena que no solamente tiene un problema como la mayoría supone, que son las necesidades básicas insatisfechas y de allí viene el asistencialismo. Nosotros como pueblo tenemos demanda de viviendas, educación, salud, religión, de tierras, cultura", sostuvo Canhué, en ese sentido señaló que "hemos hablado todos los temas, ellos nos entregaron un borrador con sus propuestas, nosotros hicimos lo mismo con las nuestras, con el fin de que se analicen y en el próximo encuentro las determinaremos".

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Pueblos indígenas tendrán rol protagónico

Los pueblos originarios salieron de campaña. Es porque el Censo Nacional que se realizará el 27 de octubre los tendrá como protagonistas, por la presencia de una pregunta clave para conformar la radiografía etnográfica de la Argentina.
El Consejo de Lonko del Pueblo Ranquel comunicó que “el 27 de octubre, en el marco del Censo Nacional de Población 2010, se relevará a través de la Pregunta Nº 5 la población descendiente de Pueblos Indígenas/Originarios, asentada en la actual provincia de La Pampa”.
La pregunta será la siguiente:
“5 ¿Alguna persona de este hogar es indígena o descendiente de pueblos indígenas (originarios o aborígenes)?”. Después, si es positiva, la pregunta es “¿cuál es el Pueblo?”. Las opciones son: Ranquel, Tehuelche, Huarpe, Kolla, Atacama, Guaraní, Omaguaca, Wichi, Lule, Tapiete, Chané, Chorote, Chulupi, Diaguita, Toba, Mocoví, Charrúa, Pilagá, Myba Guaraní Tonokoté, Lule Vilela, Sel Nam.


30 comunidades


“Nuestro pueblo se encuentra conformado por treinta comunidades en La Pampa y seis en otras provincias”. Hay asentamientos en toda la provincia. Será un largo proceso el libre reconocimiento de nuestros hermanos”, afirman.
Precisaron que “después de la desaparición de más de 20.000 indígenas en la Conquista del Desierto, muchos hermanos quedaron desparramados en distintos puntos del país, mientras que algunos volvieron al territorio después de 1878”.
Señalaron que “todos los sobrevivientes de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Gobierno de Argentina a los Rankulche, quedaron en absoluto silencio sobre su pasado, callando su idioma, sus costumbres, tratando de adaptarse ante la fundación de los pueblos de La Pampa”.
“La vergüenza y la discriminación racial fueron las causas que, junto a un sistema educativo que reafirmaba nuestra desaparición y nos dotaba de salvajes frente a la nueva sociedad colona, influyeron en las nuevas generaciones de jóvenes que hoy niegan y se avergüenzan de su propia identidad”, explicaron en un comunicado los pueblos originarios de La Pampa.
“Todos
los pampeanos debemos hacernos la genealogía, muchos habitantes se han sorprendido de la aparición de aportes indígenas en la historia familiar”, explicaron.

“Existe una gran diversidad en el mundo indígena, empleados del Estado, amas de casa, docentes, profesionales y hasta algunos funcionarios que han empezado a preguntarse sobre sus antepasados”, señalaron.

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Con 19 años de atraso, se presentó el Consejo Provincial Aborigen

El Gobierno de La Pampa presentó el Consejo Provincial Aborigen que estará integrado por ministros del Gabinete y por los representantes de las comunidades indígenas.

El acto -en el que estuvo ausente el gobernador Oscar Jorge- fue encabezado por el ministro de Bienestar Social, Gustavo Fernández Mendía quien estará a cargo de la presidencia del Consejo.
“A partir de aquí van a comenzar las convocatorias a las reuniones plenarias, de las cuales tenemos que hacer dos por año. En la primera, estimamos que se redactará el reglamento de funcionamiento y existe la posibilidad de conformar comisiones de trabajo, abocándose a cada una de las problemáticas que el propio Consejo determine”, dijo Fernández Mendía.
Los temas tratados versarán sobre la defensa de los derechos, la difusión de las cuestiones culturales, el idioma y todo lo referente a las problemáticas de los pueblos originarios. Asimismo, se realizará un relevamiento de toda la documentación “que se encuentra desperdigada. Hoy no hay un lugar donde esté centralizada la misma. Estamos recavando información para acercarle a Nación sobre el relevamiento de tierras”.
El Consejo está conformado por un representante por Ministerio, la Secretaría de Derechos Humanos, además de Organizaciones No Gubernamentales y el Consejo de Lonkos.
En referencia a la situación de La Pampa, Fernández Mendía destacó que se continúa trabajando en forma permanente. “La Pampa tiene la ventaja que existen trabajos que documentan la existencia de cada uno de ellos, están censados. Estamos trabajando con el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) en el relevamiento de tierras, tenemos varios trabajos avanzados. La creación de este Consejo va a potenciar todo esto”, prometió el funcionario.
Las comunidades aborígenes con asiento en La Pampa podrán designar a tres representantes titulares y tres suplentes, elegidos entre las comunidades debidamente inscriptas en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas. Los integrantes del Consejo desarrollarán sus funciones de forma “ad-honorem”.
En el acto, se encontraban presentes, los ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad, Cesar Ignacio Rodríguez; de Cultura y Educación, Néstor Torres; de Salud, Luis Ordoñez, el secretario de Derechos Humanos, Rubén Funes, el presidente del Consejo de Lonkos, Oscar Gualas, y diversos representantes de la comunidad aborigen.
Oscar Gualas dijo que el pueblo Ranquel está viviendo un hecho histórico. Afirmó, en relación a las medidas del gobierno provincial, que “lo que prometieron, lo están cumpliendo. Hace tiempo, cuando tuvimos una reunión con el Gobernador, él nos dijo que firmaría un convenio para trabajar sobre el relevamiento territorial. También la formación de este Consejo, hoy se hizo realidad. El Gobierno nos abrió las puertas para poder trabajar con ellos. Esperemos, que todos los representantes del pueblo Ranquel, trabajen en común acuerdo con los Ministros de cada área. En nombre de todas las comunidades, agradezco este hecho histórico que se ha concretado después de 19 años de espera”.

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A la tierra la vamos a recuperar con papeles


Unificados: desde el escenario de la Sociedad Española, un representante de la comunidad Colla llamó a “unificar la lucha en todo el territorio argentino”, y exigió la devolución de tierras a los pueblos originarios. “El Estado tiene gente capacitada para esto y nosotros también. A la tierra la vamos a recuperar con papeles, como ellos quieren”, concluyó.

General Pico (Agencia) - Con el objetivo de avanzar hacia distintas reivindicaciones, representantes de numerosas comunidades indígenas de la Argentina sostienen en esta ciudad el Cuarto Encuentro Nacional de Pueblos Originarios.
La actividad se abrió ayer con el desarrollo de varias actividades y culminará hoy con la elaboración de un documento que encerrará distintas “conclusiones” alcanzadas en el marco de talleres.
Alrededor de 500 personas llegaron en las últimas horas a General Pico, procedentes de distintos puntos del país. Durante la mañana los lonkos (jefes de las comunidades) encabezaron un ritual originario en terrenos del ferrocarril, mientras que pasado el mediodía se congregaron en la céntrica Asociación Española de calle 13, entre 18 y 20, donde se realizó un acto de apertura que contó con la presencia del intendente Jorge Tebes, varios funcionarios del municipio y algunos concejales de la ciudad.

Bienvenida


Uno de los puntos destacados que tuvo el acto inaugural fue la presencia sobre el escenario de unos 50 lonkos que representaron a distintas comunidades originarias que a lo largo y a lo ancho del país, llevan adelante distintos reclamos, principalmente de índole territorial.
El mensaje de bienvenida “oficial” lo brindó Daniel Cabral, un respetado integrante de la comunidad ranquel pampeana que habló en lengua ranculche y también en castellano.
Asimismo, seguidamente se escuchó al intendente Tebes quien se mostró muy satisfecho porque el Cuarto Encuentro Nacional se realice en General Pico, al sostener que “nos sentimos muy identificados por las reivindicaciones y derechos por los que están luchando”.
Seguidamente, el mandatario hizo entrega de una resolución que declaró el evento “de interés municipal” al presidente del Consejo de Lonkos pampeanos, Oscar Guala, quien también envió un mensaje de bienvenida a los presentes.
“El pueblo ranquel recibe con los brazos y el corazón abierto a todos los hermanos que viajaron durante horas para que podamos encontrarnos unidos en esta tierra por la que pasaron nuestros ancestros”.

Tierras


Seguidamente otros lonkos también dejaron su mensaje inaugural del encuentro, destacándose el de un representante de la comunidad Colla, de Jujuy, quien apuntó que “traemos el mensaje de un nuevo amanecer. Recién tenemos 18 años en esta lucha, después de los 500 años”, en clara relación a la Conquista de América que generó el más grande genocidio de la historia.
Asimismo, desde el escenario de la Española llamó a “unificar la lucha en todo el territorio argentino”, y advirtió que “el Estado tiene que aprender de las comunidades para alcanzar armonía y trabajar en conjunto”. En ese marco exigió la devolución de tierras a los pueblos originarios. “El Estado tiene gente capacitada para esto y nosotros también. A la tierra la vamos a recuperar con papeles, como ellos quieren”, concluyó.
Posteriormente, los presentes disfrutaron de un almuerzo y más adelante se centraron en el desarrollo de distintos talleres que se realizaron en la Asociación Española, el Centro Cultural Maracó y los colegios Nº 111 y Santa Inés, para debatir acerca de cuatro puntos: Mujer, Juventud, Territorio y Cultura.

Recursos


Numerosas instituciones y organismos de General Pico aportaron recursos técnicos, económicos y humanos para posibilitar el encuentro de los pueblos originarios, facilitándoles alojamiento, comida y soporte logístico general.
Colaboran con la organización: Municipalidad y Concejo Deliberante de General Pico, Cámara de Diputados de la Provincia, CORPICO, Regimiento de Caballería Ligero XIII, Sociedad Rural, Federación Agraria Argentina, Centro Empleados de Comercio, Unión Obrera de la Construcción, Centro de Estudiantes Universitarios, UNILPA, CICAR, Cámara de Comercio, ATE y la Coordinación Educativa Zona Norte.

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Historia: la Asociación Rankelina resolvió homenajear a este jefe aborigen todos los 24 de julio para reivindicar su memoria, “que ha sido prácticamente olvidada por la historia”.
Se llevó a cabo ayer en la Laguna Don Tomás el segundo encuentro de “La Pampa Rankel”, organizado por la Asociación Rankelina “Gente de Epugmer”, para festejar el día del aborigen pampeano. La celebración comenzó a festejarse el año pasado cuando se realizó el primer encuentro de este tipo. El 24 de julio se instauró como Día del Aborigen Pampeano debido a que ese mismo día del año 1878 se firmó el último tratado de paz entre la Nación mapuche y el Estado argentino.
El lonko de la comunidad, Enrique Pereyra, explicó que la intención de la festividad es que los miembros de las distintas comunidades aborígenes que viven en la provincia puedan encontrarse para celebrar. En la provincia hay 32 organizaciones y algunas de ellas mantienen diferencias entre sí. “Queremos juntarnos a celebrar como una gran familia”, dijo Pereyra.
La Ley Nacional 23.302 protege los derechos de los indígenas en el país. Sin embargo, en la provincia, las agrupaciones cuestionan algunos aspectos que no se implementan por parte del Gobierno Provincial, como la protección a la producción de lana o la titularización de tierras en el oeste pampeano.
Ayer, por la mañana, se realizó en el parque recreativo Don Tomás un “Travum”, reunión de invitados, en homenaje al cacique Epugmer, que tuvo su asentamiento en la zona pampeana. Al mediodía, se ofreció un almuerzo para todos los descendientes en el salón del albergue municipal. Después de la comida, hubo músicas y bailes folclóricos con la participación, en la danza, del grupo “Pampa y Caldén”, y, en el canto, de José Luis Flores, Oscar “Tito” Luis y Pedro Ramón Lucero.
El “Travum” sirvió para reunir a los descendientes del cacique que habitó en la zona de Leubucó. La asociación resolvió homenajear a ese jefe aborigen todos los 24 de julio para reivindicar su memoria, “que ha sido prácticamente olvidada por la historia”. El año pasado, la festividad se había realizado en un acto en la plaza San Martín. Ayer, al mediodía, el intendente Francisco Torroba pasó por la fiesta de los ranqueles.